Círculo de aprendizaje para la autodefensa
El grupo llegó interesado. Algo que suele suceder en este tipo de talleres es que la gente cree que va a defenderse del crimen organizado, que sí es parte de la idea, pero el taller estaba enfocado particularmente en violencia de género. Y no es que no haya violencia relacionada al crimen organizado, al contrario. Pero muy enfocada a la violencia intrafamiliar. Era un tema que ya se había hablado antes y acordado. No es que no se pueda seguir trabajando otras temáticas que a lo mejor son relacionadas a complejidades para el crimen organizado.
Algunas mujeres ya sabían como es la defensa personal en cuerpos feminizados, mujeres y otras disidencias. Había cosas que no estaban muy claras, como usar las llaves como arma. Una señora mencionó que su marido la golpea, una persona de la tercera edad, que solo llegó a la segunda sesión y durante la sesión dijo que no lo iba a permitir más. Deberemos darle seguimiento. La violencia de género es tan cotidiana, que luego no se expresa tan fácilmente.
El reto más grande que tuve es desde el enfoque feminista o antipatriarcal en el autodefensa, es lograr que sea transversal en el sentido de las edades y la diferencia de los cuerpos. Las personas mayores por ejemplo ya tienen dificultades en el equilibrio y este tipo de diferencias a veces hace que el tiempo te quede corto. Siempre pensar en otras estrategias es posible.
Me encantaría poder hacer entrenamientos continuos, o sesiones semanales, en el contexto de esta actividad fue genial. Hicimos café y nos quedamos platicando.
Trabajamos con diversos escenarios para poder tener estrategias.
No debemos echar en saco rojo los números de emergencia y los albergues a los que puedan acudir.
Hubieron dudas técnicas sobre qué hacer si me jalaban el pelo por detrás, por ejemplo, y pudimos resolverlas.
Logré conocer más gente que está trabajando en el istmo y siempre trabajar con las paisanas es muy enriquecedor para mi. En la parte donde hacíamos guardia si se lograba que las compañeras perdieran el equilibrio, le echaban muchas ganas. Tanto a nivel nacional como internacional, me preocupa mucho que desvincule mucho la forma, ell contexto tan violento en el que vivimos y el crimen organizado, eso ha generado que se deje trabajar o hablar acerca de la violencia de género,cuando el crimen organizado también está relacionado directamente, novios que “venden” a las novias, acabar con una relación violenta y que éste trabaje con un grupo organizado. Es una cosa que viene a complejizar más la situación, pero siento que a veces solo se piensa en la cuestión de la seguridad pública y no en cómo esa misma está relacionada.
Testimonio Sara
La asistencia de las mujeres del grupo de Unión Hidalgo, fue menor a cuando realizamos talleres de oficio, los temas relacionados con la violencia directa siempre generan resistencia. En este taller aprendimos técnicas de defensa personal, Gueibeu hizo un enfoque diferente, donde inclyó una parte teórica donde compartió las diferencias violencias que vivimos las mujeres: la institucional, la obstréctica, la vicaria, etc. Estuvo conversando sobre la identificación de este tipo de violencia y como es normalizada, cuesta darse cuenta. Recalcó “no podemos ser la eterna víctima”, no podemos quedarnos siendo la víctima todo el tiempo, sí lo somos pero hay que continuar. Podemos tomar acciones distintas como la reparación, o desde el cambio, el conocimiento que ya tenemos en estas violencias. Romper la idea de que seremos las víctimas eternamente, pero hay que salir de ahí para seguirle dando de frente a la vida. Esta información estuvo muy completa. A partir de esta presentación, se hizo un caso de identificación. La primera fue qué tipo de violencia había en estos caso y poder generar una ruta de acompañamiento. SI nosotras teníamos la forma de acompañar y que estaba en nuestras posibilidades, saber qué hacer. Nos estuvieron acompañando Zhare y Natalia, y compartieron diferente información sobre los centros de atención para mujeres en situación de violencia en el Istmo. Dio apertura para reflexionar más en este tema.
En la parte práctica, fue reconocer que las maestras ya tenemos herramientas de defensa personal o que la autodefensa no tiene que ver únicamente con la cuestión física, y esta relación que se piensa con los deportes de contacto o las artes marciales. Sino que hay otras herramientas que las mujeres hemos desarrollado a lo largo del tiempo, y las hemos desarrollado porque siempre hemos estado enfrentando situaciones de violencia. Hicimos un círculo de habla donde se nombraron tips de cuidado que nos han dado nuestras madres y abuelas desde que eramos pequeñas, y como estos tips de cuidado son herramientas de defensa, y que no tienen que ver con pelear con alguien. Como el no hablar con desconocidos, no entrar a las casas cuando hay hombres solos, el hecho de llevar un artículo de defensa o algo punzante para defenderse, el tema de los horarios y de estar siempre alerta, sobre todo si es de noche, no caminar cerca de la banqueta. El estar presente y atenta. Se mencionó el cómo la relaciones comunitarias a través del saludo son importantes para defensa, hacer contacto con la comunidad y la gente, tener la relación cordial con los vecinos, también es una herramienta de defensa. Hablábamos de cómo se construye la relación de confianza y cuando tienes una buena relación, estas personas van a salir a defenderte en cualquier situación pero cuando esto no se construye, ahi viene la falta de empatía porque la gente no prefiere ayudar. “No saluda, es grosera, no voy a meter las manos por ella”. Algunos ejercicios prácticos se compartieron, para determinadas situaciones donde hay violencia física, haciendo hincapié de que sean como sean nuestros cuerpos son capaces de defenderse. Confiar en el cuerpo, quitar la idea de que hay este pensamiento en que no tenemos fuerte o en el pensar que si alguien más grande y fuerte está enfrente no hay que defenderse. Fue interesante ver a las personas mayores, hacer los ejercicios, reconocer que no hay edad para sufrir violencia, pero que la edad no importa tampoco para defenderse. No es como si fuera una herramienta que le sirviera a ella.
Lo que a mi más me llamó la atención fue la participación de la señora Amelia y Araceli, quienes son hermanas, viven solas y me emociona mucho ver su participación, en espacios como estos porque comparten mucho y agradecen el poder hacerlo y aprender. Han tenido diferentes momentos y situaciones de violencia, no hay un hubiera, pero mencionaron que si hubieran tenido acceso a estas herramientas otra cosa hubiera sido. Pero reflexionamos acerca de que nunca es tarde. Ese día comimos rosca de reyes hecha por la señora Marisela. Hablamos de las frases locales que hay en los pueblos, yo compartí varias chuscas de mi pueblo [risas], compartieron sus historias y anécdotas locales. Fue un momento muy bonito porque nos reímos mucho, de esos momentos de te sientes cansado de reírte tanto pero liberado por toda la dopamina entre risas. Pienso que estas conversaciones son necesarias, pensando en lo comunitario, esto que tenemos en común. Una herramienta bonita que podemos acercar hacia cierta línea, pero que puede ser una herramienta linda no solo de recuperación sino de integración y apertura para diferentes actividades.
Defendernos también es organizarnos
En el Istmo de Tehuantepec como en muchos otros lugares de México, el crimen organizado ha incrementado a pasos grandes. En ciertas esferas las mujeres percibimos que las situaciones de violencia que viven nuestras comunidades desplazan la mirada de la lucha que hemos venido congregando por años en donde la visibilización de la violencia de género es clave para poder liberarnos de la violencia que nos oprime por el simple hecho de ser mujeres.
Por ello abrimos una conversación profunda, que acompañó nuestra amiga y colega, Guiebeu quien guió un taller sobre la Autodefensa. Donde los diálogos permitieron que revisaremos en colectivo las violencias que nos atraviesan y que incluso ahora, con el crimen organizado tan latente es importante no quitar el ojo del pestillo, sobre las violencias que se acrecientan hacia las mujeres como lo es la venta de los cuerpos feminizados por parte de nuestros vínculos afectivos.
Algunas de las mujeres mayores compartieron sus historias de vida, y en ellas reconocieron que muchas de las violencias que mencionamos en el taller, ellas las habían vivido en diferentes momentos de sus vidas. “Si hubiéramos sabido esto otra cosa hubiera sido” decían, después tratábamos de recobrar el ánimo pensando en que nunca es tarde para aprender. Nuestras compañeras Zhare y Natalia que también nos acompañaron, compartieron información sobre centros de atención para mujeres violentadas. Y nos dimos cuenta que como organización tenemos que seguir trabajando en esta línea para poder acompañarnos frente a estas situaciones.
En la segunda parte del taller, Guiebeu abrió un espacio práctico para tener herramienta en caso de violencia física. “Uno de los retos cuando brindas estos talleres es lograr que el aprendizaje sea transversal en el sentido de las edades y la diferencia de los cuerpos. Las personas mayores por ejemplo ya tienen dificultades en el equilibrio y este tipo de diferencias a veces hace que el tiempo te quede corto. Siempre pensar en otras estrategias es posible.” comentó Guiebeu.
Todas las participantes pudimos conversar sobre lo que nuestras abuelas y madres nos habían enseñado desde pequeñas para defendernos, como lo era no hablar con extraños o no caminar cerca de las banquetas. #Hablamos de que no toda la autodefensa es pelear con alguien que nos violenta físicamente, sino en todos los consejos que nos ha dado nuestra comunidad, y en cómo formamos relaciones de confianza de manera comunitaria, incluso tener una relación cordial con los vecinos puede ser la diferencia en que alguien te defienda” comentó nuestra compañera Sara.
La maestra Guiebeu, recalcó que “no podemos ser la eterna víctima”, no podemos quedarnos siendo la víctima todo el tiempo, sí lo somos pero hay que continuar. Podemos tomar acciones distintas como la reparación, o desde el cambio, el conocimiento que ya tenemos en estas violencia. Gracias por decidir ser parte de la comunidad que nos defiende, impulsar espacios de autodefensa entre mujeres es también abrir una oportunidad para que el cuidado comunitario se fortalezca.